Inspírate …
Esta es mi historia
¡Hola!
Soy Leidy Rincón, licenciada en idiomas y magíster en Programación Neurolingüística, con énfasis en Inteligencia Emocional. Mi vida profesional se ha centrado en proyectos educativos dirigidos a niños y jóvenes de todos los estratos, enfrentando diversas realidades de la infancia en Colombia. He trabajado como misionera en la comunidad carmelita y he sido consejera y educadora de niños ex habitantes de la calle, en programas como el del Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud en Bogotá. También soy fundadora de Casas de los Sueños, un proyecto que apoya a niños en condiciones de alta vulnerabilidad.
Mi travesía personal
Desde muy joven tuve la oportunidad de ver, oler, sentir y vivir en carne propia las diferentes realidades con la infancia y la juventud colombiana de todos los estratos, experiencia que despertó aún más mi sensibilidad por el cuidado de esa población. A mis 28 años sentí la necesidad de ser madre y de tener mis propios tesoros; sin embargo, unos quistes en los ovarios frenaron esos inmensos deseos lo que me sumió en una profunda tristeza que en nada me ayudaba.
Tal vez muchas mujeres han vivido esa desesperanza, esos momentos dolorosas y frustrantes; Sin embargo, estar rodeada de niños y jóvenes en diferentes recintos educativos se convirtió en el consuelo y la fortaleza para vivir con resignación.
Así inicio mi travesía cuya gran inspiración son Samara y Enoc, hijos y retoños de mi ser que llegaron a nuestras vidas como “milagros de amor”.
La llegada del milagro
Pero en 2015 todo cambio en mi vida. Cuando me encontraba laborando en Acacías (Meta), lugar de hermosos atardeceres, sentí síntomas insospechados que me hicieron acudir al médico y ¡Oh sorpresa! … Seria mamá por primera vez y aunque podría ser un embarazo riesgoso, la alegría de recibir esta bendición borró cualquier preocupación.
Con varias dificultades llegó SAMARA (que significa “la protegida por Dios”)
Un genio en camino
A nuestras vidas y al tercer año llegó ENOC, nuestro segundo hijo, a quien los médicos le pronosticaron un 80 % de probabilidades de nacer con síndrome de Down, momento devastador no solo por la triste noticia sino por la indiferencia y crueldad con la que me informó la médico y quien me ofreció la opción de abortar. Contra todo pronóstico, ENOC nació en perfectas condiciones, hermoso y rozagante; sin embargo, a los nueve meses estuvo en cuidados intensivos por problemas respiratorios y asma; luego, durante sus primeros años de vida no hablaba, sólo se expresaba conmigo. Esto me llevó a buscar ayuda médica y nuevamente, con palmaditas en el hombro, fríamente me dijeron: su niño tiene “un autismo”.
Superando pruebas con amor y apoyo
Con tanta información, mi corazón latía a mil por hora, mi cerebro no entendía, sentía que me hablaban en chino. Otra vez llegó el desconsuelo, volví a preguntarme ¿a quién podía acudir? ¿acaso era mi culpa? sentía rabia e impotencia. Lo cierto fue que no me rendí y días después acudí a diferentes sitios y especialistas para entender lo que estaba sucedindo; esto abrió un abanico de posibilidades para conocer sobre las características del trastorno del espectro autista.
Muchas veces en mi vida he llorado desconsoladamente pero más han sido los brazos extendidos para darme fuerza, apoyo y amor. Siempre he estado acompañada de ángeles reales que con su voz de aliento me animan y me permiten superar las pruebas y pasar los acontecimientos con tranquilidad y esperanza. Estas fuertes experiencias me dejan como reflexión que cuando hay amor en el corazón y estamos como “pámpanos pegados de la vid”, padres y madres, independientemente de la situación en que se encuentren, pueden cambiar la historia. Contar con una buena red de apoyo permite hacer de lo supuestamente imperfecto ante los ojos humanos, una vivencia sorprendente.
Mi compañero de vida
Nuestro viaje familiar
Actualmente estoy casada con Juan Pablo Quintero, un gran compañero de vida, resiliente, noble, alegre, arriesgado y muy amoroso; en resumen un hombre ejemplar para conformar un gran equipo y hacer de nuestra vida una mejor versión cada día.
Finalmente, mi esposo y yo decidimo educar a estos retoños decidimos aventurarnos como familia a hacer nuestro mejor viaje, el viaje hacia nuestro interior para exteriorizar el potencial de nuestros hijos, pero esta vez en Medellín (Antioquia), nuestra tierra prometida ya que aquí nació Genios en Acción, porque en Medellín todo florece y justo aquí floreció Enoc y Samara. Fue en este bello lugar que empezamos a ver el potencial que estaba dormido en ellos por causa nuestra y esta es la razón de la creación de este gran sueño conjunto de educarlos en casa.